14 de abril de 2013

Tagliatelle con calabacín, cebolla caramelizada y queso azul

Una de las cosas que más me gusta de la pasta es su gran versatilidad. En casa solemos elaborar la típica salsa carbonara que, como bien dicen los italianos, tiene que ser "senza panna" es decir, ¡sin nata!
(aunque cuando estamos de "gula" sí que lo acabamos cargando de nata)
Sin embargo, a veces nos gusta innovar y probar sabores nuevos. De ahí es de donde sale esta receta: de una nevera llena de calabacín y queso (debido a una promoción de: "tiene 12 euros en quesos sólo para hoy")


Además, desde que descubrimos que la cebolla caramelizada se puede congelar, no hay plato que salga de la cocina sin ella (si fuese por mi hermano, creo que hasta los bizcochos podrían llevarla!!!)
Hacer cebolla caramelizada es muy sencillo pero lo cierto es que requiere bastante tiempo, por eso, desde que descubrí que congelada se conserva perfectamente, siempre tenemos, al menos, un tupper en el congelador (para ver la receta haz clic aquí)


Pues bien, ahí vamos con la receta:

Ingredientes para 4 personas:

  • 500 gr de tagliatelle fresco al huevo (esta vez he utilizado de la comprada)
  • 1 calabacín
  • Salsa de tomate natural (en mi caso, también congelada: la de mamá. Es lo que tiene ser estudiante)
  • Cebolla caramelizada (al gusto)
  • Vino de Oporto
  • Sal
  • Pimienta
  • Aceite de oliva
  • Queso azul


Elaboración:

En primer lugar, añadimos un poco de aceite de oliva a la sartén y rehogamos el calabacín previamente troceado. A continuación, añadimos la cebolla caramelizada (¡¡¡ya descongelada!!!) y un chorrito de vino de Oporto. Cuando reduzca, incorporaremos la salsa de tomate natural (también descongelada). Bajamos el fuego al mínimo mientras preparamos la pasta.
Para ello, llenamos una olla con abundante agua. Cuando ésta rompa a hervir, añadimos un puñado de sal y la pasta. Yo no utilizo el "truco del aceite" para que la pasta no se pegue. Para mí, el secreto está utilizar mucha agua, una olla grande y que el agua esté hirviendo (no empezando, ni "casi", es decir, HIRVIENDO)
El tiempo de cocción dependerá de si utilizáis pasta fresca o no; y si la preferís o no "al dente". En mi caso, la prefiero fresca y al dente, así que, con 2 o 3 minutos será suficiente (lo de tirar un espagueti contra la pared de la cocina no lo hemos probado nunca, pero dicen que también funciona)
Sea como sea, cuando la pasta esté lista, la ponemos en el plato, añadimos nuestra salsa con verduras y (lo mejor) unos buenos trozos de queso azul.




¡Espero que os haya gustado!
¡Feliz Semana!



29 de marzo de 2013

En busca de la torrija perfecta

Torrijas, torradas, torrejas, pain perdu, french toast...
Sea como sea y se llame como se llame, no cabe duda de que se trata de uno de los postres más ricos, fáciles y rápidos que todos, al menos una vez en la vida, hemos probado.


Y es que las torrijas son un plato tremendamente antiguo. De hecho, aparece ya citado en el siglo XV por Juan del Encina "miel y muchos huevos para hacer torrijas" como un postre indicado para la recuperación de las parturientas. Además, las primeras recetas aparecen en 1607 de la mano de Domingo Hernández de Maceras en su "Libro de Cozina"
Por otro lado, y como bien es sabido por todos, las torrijas gozan de una gran importancia en nuestra cocina tradicional debido a su asociación con la cuaresma. Se dice que las torrijas son un invento de las monjas, quienes preparaban con el pan sobrante un dulce para llenar el estómago y que aliviara el ayuno de carne impuesto en la época de Cuaresma.

En lo relativo a su elaboración, ésta admite múltiples variantes: ya sea el tipo de pan o los distintos baños y almíbares empleados. A pesar de ello, muchos opinan que la verdadera receta de torrijas, debido a su carácter de receta de aprovechamiento, es la preparada con pan duro del día anterior bañado en leche o vino para su mejor ingesta.



Las torrijas que solemos comer en mi casa se parecen más a lo que sería "Pain perdu" ya que, a diferencia de las clásicas torrijas españolas, preferimos prepararlas a la plancha en vez de freírlas en abundante aceite. En cuanto a la receta que hoy os voy a mostrar, se trata del resultado de un largo camino en búsqueda de la torrija perfecta (aunque, en realidad, creo que todavía no nos hemos dado por vencidos)

Ingredientes para 4 personas:

  • 4 rebanadas bastante gruesas de pan de molde casero; pan para torrijas; o brioche (lo importante es que sea un pan blando para que pueda absorver mejor los aromas y sabores)
  • 1 huevo batido
  • 500 ml de leche
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 1 cucharada de canela
  • 1 cucharadita de vainilla en polvo
  • ralladura de un limón
  • ralladura de una naranja
  • 150 ml de zumo de naranja
  • mantequilla
  • aceite de oliva
  • sirope de arce (opcional)
  • azúcar glas (opcional)

Elaboración:

En primer lugar mezclamos la leche con el huevo batido, el azúcar, la canela, la vainilla, la ralladura de limón, la ralladura de naranja y el zumo de naranja. A continuación, incorporamos las rebanadas de pan en la mezcla y las dejamos que la absorban, al menos durante 15 minutos.
Una vez pasado el tiempo, les quitamos el exceso de líquido y reservamos. En una sartén ponemos un poco de mantequilla y de aceite y lo calentamos (no demasiada cantidad, recordar que no se trata de freírlas sino de hacerlas a la plancha) Cuando esté caliente incorporamos las rebanadas de pan y las hacemos por ambos lados hasta que estén ligeramente doradas.



Finalmente, las disponemos sobre papel de cocina absorbente y, una vez quitado el exceso de aceite, emplatamos. 


La presentación dependerá de vuestros gustos pero ¡que estén calentitas! A mí me gusta con un poco de azúcar glas y sirope de arce pero, para los más golosos, recomiendo una bola de helado: ¡el contraste de temperaturas es sencillamente perfecto!

¡Espero que os haya gustado!
y ¡Feliz Semana Santa!





18 de marzo de 2013

Gingersnaps

¿Qué mejor manera de empezar la semana que un día sin universidad y con unas buenas galletas de jengibre?


La verdad, llevaba mucho tiempo detrás de esta receta así que, en cuanto la descubrí, lo primero que hice fue mirar en la despensa a ver si me quedaba un poquito de jengibre.
Y el resultado no pudo haber sido mejor: unas galletas fáciles, rápidas y tremendamente deliciosas. 



Además, son unas galletas un tanto diferentes: no sólo por su sabor sino también por su textura: crujientes por fuera pero tierna en su interior. Sin duda ¡merecen la pena!

Ingredientes:

425 gr. de harina de trigo
100 gr. de azúcar glass
125 gr. de mantequilla a temperatura ambiente
1 huevo grande
1 yema de huevo
2 cucharadas de miel
1 cucharada de leche
1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
1 cucharadita de canela molida
1 cucharadita de jengibre molido
1 pizca de pimienta de jamaica (o, en su defecto, pimienta "normal")
1 pizca de sal
1 huevo batido para pintar las galletas


Elaboración:

Mezclamos todos los ingredientes en un bol (a excepción del huevo batido) hasta formar una masa homogénea. La dejamos reposar durante 15 minutos a temperatura ambiente tapada con un paño.
Pasado el tiempo, formamos bolitas (aplanándolas un poquito) y las disponemos sobre la bandeja del horno. Pintamos con el huevo batido y, finalmente, las metemos en el horno precalentado a 180ºC durante 15 minutos aproximadamente.
Las dejamos enfriar y...¡ya están listas para comer!


¡Que paséis una buena semana!


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